Seguramente decir hoy en día que vas a llamar por “teletrófono” suena a broma. Pero en realidad deberíamos hacerlo. Así es como Antonio Meucci, reconocido en junio de 2002 por el Congreso de Estados Unidos como el verdadero inventor de nuestro actual teléfono, iba a llamarlo si hubiera conseguido mantener la patente de su invento. Pero no pudo ser. Alexander Graham Bell se llevó todo el mérito y el reconocimiento que le correspondía a Meucci.

Antonio Meucci, nacido en Florencia en 1808 y afincado en Nueva York donde murió en 1889, fue un ingeniero mecánico que antes de acabar en tierras americanas probó fortuna en Cuba. Fue precisamente allí donde comenzó a pensar en la posibilidad de transmitir la voz a través de cableado, y durante los años 50 comenzó a diseñar los primeros prototipos de su invento. En 1855 dio a conocer el primer modelo telefónico que presentó perfeccionado en 1871. Durante los dos primeros años fue capaz de pagar los 10 dólares anuales necesarios para mantener la patente del invento, pero en 1874 los problemas económicos le hicieron perder los derechos legales sobre su “teletrófono”.
A pesar de haber presentado su proyecto a la empresa telegráfica Western Union, el impago de la patente hizo que no se le tuviera en cuenta. En 1976, esta misma empresa presentó el teléfono como la gran invención del escocés Alexander Graham Bell. Meucci comenzó entonces una batalla legal contra la Western Union para recuperar aquello que era suyo, pero no tuvo éxito. También inició un juicio contra Graham Bell en 1886 en vista de que poseía los documentos y datos que demostraban sus declaraciones. Así, se demostró públicamente que el teléfono era cosa de Meucci y Estados Unidos inició un juicio por fraude contra Graham Bell. Pero como suele decirse siempre, el dinero lo puede comprar todo. Graham Bell podía permitirse el lujo de costearse unos buenos abogados que retrasaron una y otra vez el juicio hasta que Meucci murió en 1886.
Después de desaparecer el inventor original, Graham Bell tuvo vía libre. El caso fue sobreseído y él se apropió de la invención del teléfono. Aún así, desde 2002 Meucci puede descansar en paz. Ya se sabe que el mérito fue suyo. Y como bien suele decirse, más vale tarde que nunca.
Ahora si me disculpan, me llaman por teletrófono…
mundo) para llevarse su décimo tercer
Sólo el argentino
A las 3:55 de la madrugada de hoy, la ex-concusante de la versión británica de 
encontrado en la ribera oeste del
Poco a poco, y a base de esfuerzo, fue diseñando cosas que le ayudaron a cumplir su sueño: Prensa de impresión eficiente, papel barato, tinta para impresiones con base de aceite, o los tipos de impresión móviles. Finalmente, inventó la imprenta de tipos móviles, su gran éxito.
Pero no todo era de color de rosa, su socio, 

